Cuatro fotografías para un atentado

Poco después de que ayer lunes un terrorista matase a tiros al embajador ruso en Turquía, y antes de que un camión atropellase hasta la muerte a nueve personas en Berlín (empujando el asesinato del diplomático a un inevitable segundo plano informativo ), mi amigo y yo tuvimos una conversación sobre unas fotos. Durante unas horas, antes de que la masacre berlinesa se llevase por delante toda la atención informativa, las webs de actualidad abrieron con la misma noticia y cuatro fotografías diferentes que comento a continuación.

La primera (que muestro al final de este párrafo), es la favorita de mi amigo, y fue tomada en pleno centro de la tormenta, con el fotógrafo todavía asimilando la manera en que la atmósfera de esta galería de arte de Ankara acababa de cambiar de color y textura: aquello había dejado ya de ser sólo un acto de presentación de unos cuadros. Esto se aprecia gracias al caótico desencuadre, a la ausencia de armonía, a la incorrecta temperatura del color (demasiado cálida)  y, sobre todo, a ese intrusivo poste negro a la izquierda que nos grita cómo de imprevisto fue el momento en el que el reportero apretó el disparador.2

La segunda es la que pasará a la historia. Por completa, por equilibrada y por haber sido la que eligió el New York Times en su edición digital e impresa. En mi humilde opinión, es una fotografía casi perfecta: magnética, nuestra mirada acude rauda a ese rostro y a ese dedo índice que tan bien se bastan por sí solos para ser resumir una época. Luego el cuerpo (dolorosamente derrumbado en cruz), la pistola en manos del fanático (confirmación del mensaje inequívoco que solo un hombre armado con ese gesto es capaz de transmitir), las gafas de su víctima, relegadas a un plano anecdótico (cierto simbolismo de pérdida, de ultraje ante el abandono de tan importante accesorio) y, finalmente, los cuadros, los más inocentes de esta historia (la cultura relegada al olvido, reducida como algo secundario frente a la barbarie).

Mi amigo seguía prefiriendo la primera imagen, y yo le pregunté que si se encontraba bien, que si fiebre o mareos. La fotografía del NYT lo tiene todo. O casi todo.1

Si digo que me parece casi perfecta es porque, como apuntó mi amigo, en cierto modo, esta imagen tiene un aroma propagandístico bastante palpable. A diferencia de la primera imagen, en ésta el lenguaje corporal del hombre nos confirma su condición de terrorista en pleno acto de reivindicación mientras que, en la otra, y a falta de más información de contexto, podríamos estar viendo a un simple guardaespaldas, y no a un supuesto guardaespaldas.

Por eso la tercera imagen me gusta tanto, y por eso aún no tengo claro cuál es la mejor, porque en ella se muestra el miedo que despierta este fanatismo. Con la inclusión al fondo de la foto de los presentes en el museo al tiempo que víctima y verdugo comparten protagonismo, el cuadro se completa. Y de esto es de lo que trata el fotoperiodismo, de congelar un momento del modo más completo posible y con la mayor cantidad de elementos que nos ayuden a reconstruir un relato.  La tercera imagen incluye, además, al valiente fotógrafo de AP (autor de las dos primeras imágenes) en plena faena. Lo tiene todo, pero le falta el punch estético de la segunda, que es la que pasará a la historia porque todo en ella es transparente, ninguna necesidad tenemos de pensar: podría ser el póster de una película, la ilustración de alguna octavilla del ISIS.

La grandeza de la tercera foto está en la rauda disposición de todos los elementos de la historia: podemos ver a algunas personas tumbadas mientras que otras, de charleta, ni siquiera han tenido tiempo de entender lo que está sucediendo.

3

Para terminar, y a modo de mención honorable, nos encontramos con esta cuarta imagen en la que el embajador asesinado reclama todo el protagonismo. Una enorme mole que yace rendida y como siendo pisoteada por el delgado (y con pose James Bond) asesino. Es una fotografía interesante por lo macabra que resulta y por cierto juego de perspectiva que nos hace imaginarnos al terrorista en pie, victorioso, encima de la barriga del embajador. La forma en la que le da la espalda a su víctima acentúa ese desapego por su vida aunque, de nuevo, a la imagen le faltan elementos auto explicativos: podría tratarse de un guardaespaldas en plena faena (de hecho, el tipo era un policía). Si volvemos a la segunda, veremos sin asomo de duda que nunca ningún guardaespaldas en ninguna circunstancia combinará ese rostro de rabia con ese dedo apuntando al cielo.

4c0cca8c0220ba5b9d5d4a687924e586

Por eso es la que recordaremos; toda una obra de arte tomada por Burhan Ozbilici, un hombre que empezó el día pensando que iba a cubrir la presentación de una colección de fotos sobre Rusia, todavía sin saber que se volvería a casa con un trozo de historia y, si acaso, la fotografía más importante de su vida. Según ha relatado en una entrevista con AP, el bueno de Burhan ni siquiera tenía pensado en un principio ir a la galería: fue porque le pillaba de camino a casa de vuelta de la redacción.

newyork_times-750

Anuncios

Un pensamiento en “Cuatro fotografías para un atentado

  1. Pingback: ¿Cómo ser buen periodista? 3 claves para no defraudar | Esther Pizarro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s