Daft Punk Unchained: sólo para neófitos

Daft Punk Unchained es un documental correcto que podría haber dado mucho más de sí. Le falta algo de ritmo y tiene ciertos errores, a mi humilde parecer: si no sabes que Kanye West hizo una versión de Stronger, tienes que adivinarlo, ya que la aparición del rapero en el documental es confusa: apenas le dedica una oración al conjunto francés para, seguidamente, zambullirse en una de sus ya habituales diatribas existenciales (que han terminado por mandarle, hace una semana, a una clínica psiquiátrica, por cierto). La contribución de Kanye al reportaje bien podría resumir un defecto que se repite en varias ocasiones más: minutos de metraje que no tienen mucha relación con la vida y obra de Daft Punk. ¿A qué viene, por ejemplo, ese minuto de rap de Kanye sobre el escenario? Es una pregunta que el espectador neófito se hará en numerosas ocasiones durante el visionado de Unchained: ¿a qué viene esto? Y aunque la respuesta (en caso de haberla) llegue después, no es así cómo debería funcionar esto.

Hay ciertos saltos breves temporales y omisiones que confundirán a los no entendidos. He echado de menos más información (¡y música!) sobre el trabajo de Daft Punk en la BSO de Tron. Dado que se trataba del tercer trabajo ‘serio’ del conjunto después del relativamente accidentado segundo disco, me parece insuficiente centrar el relato de esta BSO en el desafío que supuso trabajar a las órdenes de un gigante como Disney para un grupo que pretendía conservar el anonimato y la libertad total de las decisiones creativas.

Quizás en una involuntaria premisa de guardar coherencia con el espíritu anónimo del conjunto, el documental apenas nos brinda información privada sobre los orígenes de estos dos muchachos que, sospecho, no sufrieron precisamente de problemas económicos a la hora de gestar su arte. No habría estado de más recalcar esta sana vida pudiente a la hora de destacar que los Daft Punk pre-Discovery rechazaron colaborar con “grandes como Madonna o George Michael”. Es una constante a lo largo de la película: piezas del puzzle que el espectador tiene que deducir en lugar de digerir.

El documental tiene zonas brillantes, por supuesto, pero éstas parecen nacer más por pura inercia inevitable (Daft Punk tiene una historia que se cuenta sola) que por verdadera maestría a la hora de escribir un guión que parece responder a unas prisas inexplicables. Errático de principio a fin y sin una clara distribución de actos, o subidas y bajadas de intensidad, que ayuden a dotarle de ritmo, por no hablar del abuso de la utilización de escenas de la película Electroma. Ese final abrupto y completamente inesperado es la guinda que confirma que el gran documental que se merece Daft Punk aún está por hacer. Edición muy mejorable.

Se trata de un documento de obligatorio visionado para todo melómano que haya vivido de espaldas al fenómeno Daft Punk y, al mismo tiempo, Daft Punk Unchained es un tren que podrán permitirse dejar pasar todos aquellos que ya estuviesen al tanto de cómo, cuándo y por qué Daft Punk ha conseguido revolucionar para siempre el concepto de música electrónica.

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