Las Ramblas, Anthony Coyle

A cinco pasos de Las Ramblas (Fotos)

Las Ramblas, exótico paraje barcelonés capaz de aunar lo peor y lo más peor de la humanidad, oculta una reflexión en cada rama. A poco que te fijes, superado ya el estímulo novedoso de las primeras zancadas en lo que un día fue un paseo con dignidad (y no un parque de atracciones de saldo), esta arteria de turistas chancleteros cámara en ristre y de vendedores de todo lo vendible (hachís, marihuana, cocaína, LSD, mamadas, polvos, cerveza, palos selfie y unos extraños artilugios voladores de luz azul) te devuelve sensaciones inconexas. Circenses. El horror, el horror.

No son pocas las gentes que acogen con agrado todo lo enumerado en el párrafo anterior. Desde una subjetividad lowcost, el circo este de las paellas congeladas y los espectáculos de flamenco a 40 euros (cena no incluida) son puntos a favor que el turista ávido de la spanish experience acoge con simpatía. Las fotografías que siguen a continuación, en cambio, son de una realidad objetiva inapelable. A cinco pasos de Las Ramblas, la vida, ah, sigue resignada su batalla mientras y escarba en un contenedor.

He tomado estas imágenes en los últimos meses. Porque esto también son Las Ramblas. Fuera quedan las casas de putas, los locales de apuestas, los charcos de pis, los rateros de zancadilla fácil, el proxeneta exigiéndole 100 euros a una mujer que llora y asegura que solo puede darle 20. El hombre que saca dinero junto a la puta, el hombre que negocia con la puta, el hombre que implora a la puta mientras le enseña la cartera, tísica y hasta con ecos, el hombre que corre gritando “Policía”, el hombre que de once a seis vive clavado en una esquina, siempre la misma esquina, cerveza oculta en la alcantarilla, vendiendo latas de 60 céntimos a un euro. El hombre que pasea en intensa conversación autónoma Rambla arriba, Rambla abajo, deteniéndose solo para pedir dinero para la próxima lata (del Día, las más baratas, bien lo sabe, bien merece la pena una excursión al de la calle Carme, y bien gastados esos 30 céntimos para la nueva dosis). El hombre que vuelve del trabajo, inseguro. La mujer que vuelve del trabajo, con miedo, soportando miradas, insultos. Acosos. La pandilla de ingleses borrachos. La pandilla de italianos borrachos. Todos flotando, gilipollas el que no esté intoxicado, este viaje tiene que ser único, vamos a darlo todo, vamos a recordar Barcelona como se merece, que somos jóvenes, me cago en Dios Cristo. Este fin de semana toca vivir y, faltaría más, claro que sí, 20 euros de entrada, ocho la copa, ¿una lata? ¡tres! Y si la noche se da mal, 30 euros y arreglado.

Fuera quedan todos estos. Y dentro, los otros. Los que simplemente están.

A cinco pasos de Las Ramblas.

26666620400_17fd8a0f1e_k28313761351_485bbae18d_kimg_161526940100805_b9ca8ea572_k26720001526_d2bb0fc1c9_kA cinco pasos de las Ramblas. Imagen de Anthony Coyle.28564545513_3490f92e14_o26731994700_7247acce2a_k

Más fotografías en Flickr.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s