Batman vs Superman

Batman v Superman: razones para alegrarse de un fracaso

¿En qué loco mundo una película con ganancias de 622 millones de dólares es considerada un fracaso? En el loco mundo de Hollywood, claro. Warner Bros se gasta 250 millones en Batman v Superman: El amanecer de la Justicia (27/100 en Rotten Tomatoes), recauda 872, y aquello es un no parar de titulares con exclamaciones y posterior bailar de sillas (ni un mes tardaron desde el estreno en abril en mover a dos ejecutivos y ponerlos al frente de la división cinematográfica DC para enmendar el asunto). Tan deseosos estaban en Warner-DC de emular las recaudaciones mil millonarias de cualquiera de las entregas de los Vengadores, los Iron Man y los Capitán América de Marvel-Disney (orilla de enfrente, espejo al que mirarse, rival a batir,), que la cosa les ha sabido a poco. El mundo nunca es suficiente, y no digamos ya 800 roñosos millones de dólares.

“Only in Hollywood” es el mantra que flota por Burbank y alrededores, masticado entre risas amargas por todos los productores, directores guionistas y chicos del café que alguna vez han cometido la torpeza de tratar de aplicar sentido común a lo que no lo tiene. Y de ahí la grandeza, ¿no? Hoy son los super héroes, ayer, la Tierra Media, mañana… ¿mañana? Si creen saberlo, deberían tirar para California. “¿Tampoco Jeremy Renner?, ¿Joder, también a ese le han puesto una capa?”, maldecía Riggan Thomson, interpretado por Michael Keaton, al intentar fichar a una estrella para su obrita de Broadway en Birdman (joyita de la que, a pesar del manojo de Oscars, demasiado poco se habla y a la que la historia algún día dejará en su justo lugar). Y qué buena es Birdman y qué autorreferencial era. Era. Porque justo cuando creías comprender el guiño, cuando te sentías en cierto modo cómplice del circo, partícipe de la farsa, Michael Keaton es confirmado como villano de la nueva de Spider-Man (segundo reboot en lo que va de década, y tercera saga en lo que va de milenio) para interpretar a, agárrense, El Buitre. Only in Hollywood.

Las Big Six Majors (Sony, Fox, Disney, Paramount, Universal y Warner Bros) llevan  demasiado tiempo esforzándose por recargar el sentido del cliché del loco Hollywood loco: ¿hemos normalizado ya en el público, que tragará cual oca cebada (casi) cualquier ocurrencia, los lanzamientos de películas troceadas (El Señor de los Anillos, Crepúsculo, Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte, Los Juegos del Hambre: Sinsajo)? ¿Sí?, pues vamos allá con James Cameron y sus cuatro (cuatro) secuelas anunciadas de Avatar. A veces la cosa falla, y he aquí la emoción de jugar a la ruleta: también se anunció una nueva trilogía Terminator para entretener el retiro político de Arnold Schwarzenegger que no ha sido tal (la primera salió rana), pero es que el bueno de Cameron, ludópata Cameron, ya ha confirmado que sus cuatro nuevos hijos verán la luz al mismo tiempo con un rodaje simultáneo en el que, palabras del director, “el lunes podría estar rodando una escena para la cuarta película y el martes una para la primera”. La gran belleza de todo esto llega cuando Cameron, lejos de haber sido tildado de loco, ha contado con cierto beneplácito por parte de los opinadores del mundillo: no está muy claro que de verdad haya público para cuatro entregas más de Pitufos en la selva, pero sí que este hombre es el director de las dos películas más taquilleras de la historia del cine: Titanic y, lo han adivinado, Avatar. Uno siente miedo con tan solo imaginar lo que él sabe de nosotros que nosotros aún no sabemos.

No siempre hay lugar para finales made in Hollywood, y, a veces, tirarse sin red acaba en hostia. Sin llegar a cotas de drama nivel John Carter, Wild Wild West, Waterworld o La isla de las cabezas cortadas, Batman v Superman inaugura un emocionante nuevo cajón: el de las películas hostiadas pero con amplios beneficios. Ahora que El amanecer de la Justicia encara el ocaso de su vida útil con el lanzamiento del DVD y Blu Ray (recién filtrados, ¡ups!), parece buen momento para entender qué ha fallado y hacer repaso de los errores que, por el bien de nuestra cordura, esperemos que alguien vuelva a cometer pronto en Hollywood. Porque lo previsible sería lo contrario. Porque lo previsible sería no entender absolutamente nada (¿otro reboot de Spider-Man? ¿En serio?)

Nadie duda de que si el Real Madrid sale con los suplentes, la audiencia se queda flácida. Por eso, si Batman v Superman no ha logrado siquiera acercarse a los números del equipo estrella de Marvel, Los Vengadores, ¿qué será de películas DC ya anunciadas y con fecha de estreno como Wonder Woman, Justice League (dos entregas) o The Flash? Nadie serio pone en duda que casi 900 millones de taquilla son una buena noticia, pero sí que estos cimientos sean base suficiente como para levantar un imperio a imagen y semejanza de ese con el que Marvel lleva desde 2008 imprimiendo billetes a espuertas. Esa es una liga muy distinta. Superman es un personaje que pertenece a la cultura popular, pero Aquaman (27 de julio de 2018) puede sonar a personaje sacado de la cabeza de un loco, por mucho que el protagonista sea el Khal Drogo de Juego de Tronos (la compi de Terminator en su fallida resurrección Genisys del 2015 fue Emilia Clarke a.k.a. Daenerys Targaryen).

A ratos, a Batman v Superman se le notan demasiado esas ganas de sentar cimientos, destacando por encima de todo la escena, obtusa e inconexa con el resto de la cinta, en la que Wonder Woman reproduce en su ordenador, a modo de teasers de las próximas películas DC, unos vídeos confidenciales robados en los que vemos los poderes de tres de los próximos grandes super héroes de la casa con filme propio (personajes que no vuelven a aparecer en la trama). Desde la butaca, aquello pareció cuanto menos un corte publicitario dentro de una película por la que acababas de pagar para ver.

No es ningún secreto que la presencia femenina de la cinta persigue lo mismo que la de las heroínas Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) en Los Juegos del Hambre, Rey (Daisy Ridley) en Star Wars: El Despertar de la Fuerza o, estas navidades, Jyn Erso (Felicity Jones) en Rogue One: A star Wars Story: empatía hacia el público femenino, el nuevo trozo de pastel a conquistar por el respetabilísimo, pero freak, cine freak. Todo correcto, salvo un fleco: no puedes establecer en el título de la cinta un duopolio entre el Hombre Murciélago y el Hombre de Acero si luego no es tal. Quiero mi dinero.

El volumen ofensivo de metraje avanzado por Warner Bros antes del estreno (tema que abordaremos enseguida) ya dejó bien claro que el clímax de Batman v Superman estaba protagonizado por esta santa trinidad de héroes DC luchando mano a mano contra una nueva bestia. Pero incluso el fan precavido que había logrado esquivar la masa de teasers, tráilers, fotos, posters y declaraciones pudo haber tenido la desgracia de toparse con el spot televisivo, y descubrir que al final el falaz combate del siglo era sustituido por un todos contra Doomsday, enésima criatura monstruosa con aspecto de vómito parida por Hollywood, por si acaso a la ciencia ficción le hacían falta más.

La estafa en el título de Batman v Superman muta en engañifa tras la vergonzosa escena en la que se entierran las somantas gracias a que las madres de los susodichos se llaman igual: Martha. Habría estado bien ver cómo le explicaron el pastel a la otra, a la heroína; al fin y al cabo, esta película tenía entre sus cientos de objetivos el de prologar el largometraje de Wonder Woman, con fecha de estreno para el 2 de junio del año que viene.

—Pero oiga, no se indigne usted tanto, que la película se llama Batman v Superman, no Batman VS Superman —se ha llegado a leer. Claro que sí: nadie había albergado la remota posibilidad de que el clímax de la cinta fuese a ser el de un combate entre los dos personajes que dan nombre a la película. La triquiñuela recuerda a lo sucedido unos meses antes con un gran lanzamiento de la industria del videojuego: Metal Gear Solid V. Por mucho que los medios se empeñasen en bautizarlo como el quinto en la línea sucesoria (cosa lógica, teniendo en cuenta que el anterior se llama Metal Gear Solid 4), Hideo Kojima publicó un tuit en el que dejó caer que la V hace referencia a Venom, nombre del protagonista verdadero (que solo descubrimos al final) de un juego que ha estado rodeado por la polémica, que ha sido publicado a medio hacer y que le ha costado al desarrollador japonés el despido de la legendaria compañía desarrolladora Konami. Con este precedente, la cinta de Warner Bros bien podría haberse llamado Batman feat. Superman. O al revés, ya que en rigor estamos ante una secuela de la también dirigida por Zack Snyder  El Hombre de Acero (cinta que recaudó menos que BvS, ¡buenas noticias al fin!).

Hace un par de párrafos hemos mencionado la palabra tráiler muy al estilo años noventa: como si sólo hubiese existido uno. Desde los primeros segundos de metraje publicados por Warner Bros un año antes del estreno (que ya nos enseñaron el comienzo del enfrentamiento bajo la lluvia de los dos susodichos, así como el nuevo traje-armadura de Batman) hasta el tráiler final (por no hablar de los teaser tráilers pre tráilers hechos como avance de los propios avances, y del chorreo imparable de filtraciones de fans con teleobjetivos demasiado caros y amor propio demasiado escaso), Warner Bros ha trabajado duro para que el visionado de la película fuese un continuo “¡ah, esto es lo del tráiler!”. El fan de DC ha dispuesto, sin exagerar, de dos sólidos años de filtraciones constantes a las que sumar una campaña promocional colindante con el terrorismo que, para la fecha del estreno, ya había revelado un total de once minutos de metraje, entre los cuáles se encontraban todos los momentos clave de la cinta a excepción del último (spoiler inminentes en breve). ¿Por qué el espectador permite esto? ¿De verdad es de recibo enfrentarse a dos horas y media de película y tragar con todo aquello que ya sabemos que pasará a cambio de una mínima subida en las pulsaciones con la sorpresa final? ¿Y qué pasa cuando, encima, la sorpresa final, esto es, la muerte de Superman, es rectificada y vaciada de sentido en unos últimos segundos de metraje en los que se evidencia que ahí lo único que ha muerto es el amor al cine, a la historia y al guión cocinado con calor, amor y sin triquiñuelas?

El principal problema de Batman v Superman es que intenta contar demasiado en muy poco tiempo. Hasta Jeremy Irons (mayordomo Alfred Pennyworth) ha tildado la película de “sobrecargada y muy confusa. Las tres horas de metraje final de la versión doméstica Ultimate Edition se antojan insuficientes para dotar de sentido, unidad y coherencia a semejante madeja de personajes, tramas, conflictos y ambiciones personales. Sencillamente no funciona. Al menos, para el público generalista al que va enfocado toda producción cuyo coste se cuente en centenas de millones de dólares. Los fans, llamémosles freaks, llamémosles entusiastas, que sabían que esta cinta en el fondo es El Hombre de Acero 2 fueron al cine con los deberes hechos y, claro, así, sí. En Batman v Superman falta background  y sobran personajes. Y prisas. Faltan ganas de arriesgarse y sobra la cobardía de no querer llevar a los cines una película de tres horas (o más, a Zack Snyder le quedó una primera versión de cuatro) que, claro está, echaría para atrás a más de uno: a todo aquel interesado, pero tampoco tan interesado, en ver a Batman peleándose con Superman.

La factoría DC se distingue por su tono oscuro y realista, con producciones envueltas en un manto lúgubre de pesimismo: sí, también hay chistes, pero son de los de poner cara seria. Desde luego, es de agradecer que a los super héroes se les baje la saturación de los colores, pero al final del día, quizás la fórmula no sea del todo compatible (o tan compatible) con tantísimos millones de espectadores como los que Marvel es capaz de congregar en cada una de sus epifanías digitales. Y casi sin esfuerzo: dejando de lado el éxito sin ambages (y muy superior a Batman v Superman) de Capitán América 3: Civil War, su último triunfo inesperado ha sido Deadpool (propiedad de Fox): una cinta clasificada para mayores de 18 años que con un presupuesto mucho más bajo que el habitual por estos lares de salva mundos (58 millones) ha superado en taquilla al coloso 50 sombras de Grey. Ya se ha anunciado una secuela que pocos meses atrás no figuraba en ninguna hoja de ruta. A Marvel le sale solo y a DC, por ahora, parece que le cuesta. En agosto tendrán su segunda oportunidad con Escuadrón Suicida, una reunión de villanos DC entre los que están Jared Leto (el nuevo Joker), Margot Robbie, Will Smith y Cara Delevingne. No es el Real Madrid con su once estrella, pero tampoco es el Córdoba.

Que los planes de mega éxito de Warner Bros para con Batman v Superman hayan terminado siendo un éxito a secas (y entre comillas) es digno de celebración. Hay que congratularse de que para fabricar un blockbuster de acción siga siendo indispensable (casi siempre) un algo más allá de Dinero + Famosos. Dicho esto, e independientemente de la opinión que uno tenga de las fanfarrias audiovisuales de Marvel, sería cínico dejar de aplaudir lo logrado por la compañía comandada por Kevin Feige. Un aplauso frío, aséptico, como el que podría dedicarle cualquier físico del 45 al milagro de la bomba atómica, daños colaterales a un lado; mera constatación de hechos: nunca antes ninguna otra compañía había logrado estar más cerca del sueño dorado de Hollywood: la fabricación seriada de pelotazos. Lo que sobre la superficie tiene aspecto de amalgama de sagas y secuelas es, en el fondo del vaso, un puzzle cuidadosamente orquestado de películas que obligarán al espectador exigente a tener que consumirlas todas. La última entrega del Capitán América ha sido una disputa interna entre todos Los Vengadores, Iron-Man será el mentor de Spider-Man en la nueva Homecoming, ya se ha confirmado que Hulk atravesará serios conflictos emocionales en la nueva Thor: Ragnarok, y como colofón, en 2018 y 2019 llegarán las dos entregas de Infinity War, guinda final de Los Vengadores, donde se darán cita absolutamente todos los super héroes aparecidos en las 13 películas que llevamos, y las ocho que restan (Doctor Extraño, Pantera Negra, Capitana Marvel…). Y Warner Bros-DC quiere copiar esto.

Las películas de super héroes Marvel existen desde hace décadas, las piezas ya estaban ahí, pero ha sido mérito de Disney saber no ya armar el puzzle, sino saber que había un puzzle. Como dijo el CEO de Disney tras la compra de Marvel en el 2009 por 4.000 millones de dólares, “la estrategia es crear un negocio más fuerte que el de la suma de sus partes”. El holismo  King Size ha llegado a Hollywood. Disney se la jugó y los caballos le están saliendo buenos. Es lógico que a Warner Bros imitar la gesta vaya a costarle algo más que dinero.

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