Vamo a calmarno con POKEMON GO?

El primer videojuego de la historia que no se puede jugar en casa

Las autoridades han tenido que intervenir: “Aunque la estación de policía aparece como una parada Pokémon, por favor ten en cuenta que no tienes que entrar para obtener pokéballs”. El cartel, colgado la semana pasada en la puerta de una comisaría de la ciudad australiana de Darwin, acaba de inaugurar la previsible y larga ristra de noticias rocambolescas que se nos avecinan con Pokémon GO, el primer videojuego para teléfonos móviles al que no es posible jugar desde el sofá de casa. El primer videojuego con el que, quizás, los niños vuelvan a asomarse a las calles.

(De hecho, en el rato entre el que escribo esto y publico ya ha aparecido un muchacho que ha encontrado un cadáver en un río gracias a que estaba jugando a Pokémon GO y un grupo de delincuentes que usan el juego para “atracar a personas a punta de pistola”)

Lanzado de forma oficial e inesperada el miércoles en EE UU (y extraoficialmente en todo el mundo, gracias a los paquetes instaladores denominados APK, desarrollados y distribuidos por fans altruistas), Pokémon GO ya ha conseguido ser el lanzamiento de juego de teléfonos móviles más ruidoso que se recuerda: número 1 en la App Store de Estados Unidos y subida inmediata del 10% de las acciones de Nintendo. Y todo, gracias a una combinación entre el universo de una franquicia con 20 años de éxito y una idea simple pero nunca antes explorada: tu ciudad es el mapa de juego. Y no, no nos referimos a la L.A/Los Santos de Grand Theft Auto V. Nos referimos a tu ciudad, tu pueblo. Tu barrio. GPS mediante, si tú no te mueves, el personaje no se mueve.

Imaginemos la herramienta Google Maps con cientos de miles de mascotas virtuales enterradas bajo sus calles esperando a ser capturadas y, salteadas por el mundo, paradas de recarga de suministros (Poke-paradas como la de la comisaría de Darwin) y templos de combate (gimnasios) donde los jugadores compiten entre ellos para conquistar el lugar y dejar su bandera clavada. Eso es Pokémon GO.

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Tanto las paradas como los gimnasios cuentan con su respectiva fotografía identificativa (el mercado de la Boquería es uno de los gimnasios más cotizados del centro de Barcelona), sacada de la ingente base de datos construida años atrás por los usuarios de Ingress, un juego basado en la realidad aumentada y desarrollado también por Niantic junto a Google del que ya nadie se acuerda. No triunfó tanto aunque, claro, tampoco contó con el aval de venir respaldado por una franquicia con más de 300 millones de videojuegos vendidos a sus espaldas.

Desde que aquello de los videojuegos dejó de ser un asunto infantil y relativamente minoritario para mutar, gracias a Sony y Microsoft, en plataforma de superproducciones interactivas millonarias capaces de codearse con el séptimo arte (también en el plano artístico),  Nintendo ha mantenido una profunda cabezonería en hacer las cosas a su modo. Mientras Playstation y Xbox se llenaban (y llenan) los bolsillos apelando a los instintos del amante de la acción con gráficos hiperrealistas, Nintendo ha seguido más empeñada en el cómo que en el qué: así lo atestiguan la Wii con su béisbol interactivo, la portátil 3DS con su doble pantalla de lápiz táctil, y la Wii U con su mando-tablet y su asombrosamente breve esperanza de vida (la sucesora Nintendo NX sale en marzo). Así lo atestigua ahora Pokémon GO, el primer videojuego con el que Nintendo ha roto una regla sagrada que había mantenido desde su fundación: no poner a la venta un videojuego diseñado para una plataforma que no sea de Nintendo.

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Pokémon GO ni siquiera se pone a la venta: cualquiera puede bajárselo gratis para  iOS y Android a través de sus respetivas tiendas. La mala situación económica de la compañía radicada en Kioto, sumada a las atractivas posibilidades de un ‘smartphone’ con cámara, giroscopio, GPS e Internet, la han animado a sumarse a la moda de los Free-to-play: juegos gratuitos con micro pagos (de dinero real) opcionales que ahorran tiempo al jugador pero que, detalle importante, no suponen una ventaja cualitativa frente al resto de competidores.

En Pokémon GO puedes gastar cuantos euros quieras en créditos para comprar Pokéballs (los artilugios con los que dar caza a las criaturas) o bien puedes acercarte a tu ‘Poke-parada’ más cercana y llevarte unas cuantas gratis para así continuar con la misión de prácticamente todo el medio centenar de videojuegos de la saga aparecidos desde 1996: hacerse con todos (por ahora están disponibles las primeras 150 criaturas de un total de 721, lista que aumentará con el lanzamiento en noviembre de la séptima generación de juegos, Pokémon Sol y Luna). Todo Pokémon GO está centrado en esquivar el sedentarismo y en explorar y (re)descubrir tu ciudad. En el inventario hay incluso con unos huevos que sólo eclosionarán cuando caminemos dos, tres o hasta diez kilómetros, dando lugar a un nuevo Pokémon para nuestra colección. Si quieres conquistar un gimnasio, tienes que ponernos los zapatos e ir hasta él. Si quieres nuevas criaturas, tienes que salir del barrio.

A poco que camines por el mapa callejero, tu teléfono vibrará cuando un Pokémon se encuentre cerca, brindándote la opción de capturarlo con Pokéballs mediante una serie de sencillos toques que tienen lugar en un decorado diferente: el que esté enfocando la cámara del teléfono móvil, con la criatura integrada en el escenario real y esperando a que le ataques. La mecánica tiene poco que ver con los juegos tradicionales de la saga porque, comprensiblemente, Nintendo no va a ofrecer gratis una experiencia por la que en la consola 3DS hay que pasar por caja obligatoriamente.

Este es uno de los puntos débiles de Pokémon GO, un sistema de combate demasiado simplificado, además de cierta sensación de soledad un tanto decepcionante para todo aquel que espere encontrar en este título el grado de interactividad y posibilidades que ofrece todo juego online masivo. No, aquí estás tú, los Pokémon y (casi) nada más, ya que solo los gimnasios están custodiados por otros jugadores como tú. Es previsible que futuras actualizaciones mejoren este panorama. El punto a favor de Pokémon GO es evidente: en pleno 2016, con la industria del videojuego estancada y saciada de la retahíla de secuelas y fórmulas seguras, un título consigue desempolvar esa extraña sensación de redescubrirse uno por dentro. Con todo lo que ello conlleva: aquellos que aún estuviesen digiriendo el desfile de zombies urbanitas propiciada por la invasión de la mensajería smartphone deberían ir preparando el cuerpo para la que se nos viene encima con el factible éxito de este título entre los más jóvenes. Todo sea por que vuelvan a salir a la calle.

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