El odio

Quizás por la imagen, quizás por el titular, resulta que un día hice clic en una noticia que me llamó la atención.

Hacia tiempo que el escritor (D) formaba parte de mi lista de futuribles, pero esa noticia le hizo trepar varios puestos de forma automática.

El caso es que decidí seguir dócilmente aquel despiece: “Guía para empezar a leer a D”. Me compré un libro de reportajes.

Me gustó tanto que me compré una novela. Ni fu ni fa. Me pareció rara. Tanto, que decidí investigar un poco.

Resulta que aquel ladrillo (en el buen sentido) giraba en torno a las ideas de un filósofo (Uve Doble).

Decidí dejarlo pasar.

Al rato me compré uno de cuentos. Bien.

Al rato me compré otro de reportajes. Y ahí que volvió a aparecer Uve Doble.

Concretamente, en una reseña de D sobre un libro (escrito por M) cuyo argumento también giraba en torno a varias comidas de cazo de Uve Doble.

Esta vez, incluso la reseña de D me pareció ni fu ni fa. Me temo que por su opacidad (mi ignorancia).

Busqué una segunda reseña sobre ese libro tan exótico escrito por M sobre las ideas de Uve Doble.

Me topé con una reseña de otro escritor (A). La reseña era igual de rara, pero 20 veces más corta y 100% comprensible.

Me alegré.

Un lector (L) de esa reseña, no se alegró tanto. Procedo a pegar el comentario que este lector le dedicó a A.

Me ha parecido muy llamativo:

El odio, emoción, sentimiento o actitud individual de repulsión, aversión o ánimo hostil que puede alcanzar la beligerancia destructiva, es rígido, intolerante y corto en la formación de su razonamiento, tiende a cosificarse socialmente en entornos colectivos por contagio dando fruto a fenómenos de retirada y aislamiento del suceso o individuo (discriminación, aislamiento, etc) o bien de ataque que tiende a ser desproporcionado en la correlación de fuerza y número (acoso, linchamiento, etc).

El odio se proyecta con extraordinaria profusión y hostilidad en internet, principalmente en forma de comentario anónimo, de avatar anónimo o identidad suplantada, habitualmente respondiendo a esta coartada de anonimidad. Sin embargo, su fenómeno colectivo facilita en muchas ocasiones la adherencia de perfiles que toleran el acceso público a su identidad. Se produce aquí una gran confusión, con estos perfiles, sobre estos perfiles, al reproducir la misma conducta violenta desde un reconocimiento público (discriminación, aislamiento, acoso, linchamiento, etc). La conducta reproducida por el grupo que responde a la misma hostilidad y violencia pierde parte de su análisis crítico previo al hallarse instalada y aprobada mediante el uso de conexiones sociales que refuerzan el contenido violento de la propia conducta del grupo al concederle una corporeidad grupal, una naturaleza común fácilmente reconocible, la identidad colectiva.

En definitiva, que sois todos lo mismo, anónimos y panfletados, pero tú el que más, o no, más bien no, mira no, tú en realidad, lamento desengañarte, si has sido acosado por un motivo, toda esta convocatoria espontánea que se ha repetido tantas veces de lo que tú denominas miseria y escoria social, en el caso de que se haya producido como tan masiva aludes únicamente lo habrá sido por la facilidad de tu acceso, eres un blanco fácil sencillamente, imagen pública y ánimo provocón, si hay un responsable eres tú, porque a pesar de no haber aprendido a gestionar tu imagen como cualquier Paloma San Basilio o María Dolores Pradera, imágenes públicas cotizadas y de bien, en definitiva nada te distingue del resto, escritor de sonajero, tan narcisista, tan egoísta, tan feo y mal amante como todo hijo de vecino, depravado sólo como cualquier mediocre porque hasta para depravarse hace falta valor, y tan tú como cualquier tú cuando alguien cualquiera se dirige a ti; es cierto que tal vez que tengas algo más interiorizado ese tú, con más énfasis, como esa mentira que se repite mil veces y tal, porque a ti se dirigen muchas más veces que a cualquier otra persona de la calle y para tantas cosas ridículas, como este comentario, por ejemplo, vomitar mierda, toda la frustración, la cólera contenida, alguna forma de protervidad malentendida que es en definitiva con lo que disfrutas, lo que se infiere, lo que se sabe, porque a un provocador, malhumor y tal a no ser que hablemos de los de abajo, los de siempre, los irreductibles, inagotables al desaliento de la repetición de la fórmula hasta el extremo más grotesco, los mismos mastuerzos que quién sabe de sus conductas en clase en sus etapas de impúber porque lo cierto es que a ésta no han faltado ni un día, aunque sea siempre la misma, como parroquianos por jugar con otro símil de una taberna fantástica de esperpentos y monstruos, descastados y miserables, con su retrasado mental, su delincuente y su maricón de rigor esperando turno junto a la puerta del váter a que pase el siguiente, ¡ay, pandilla de pobres almas! qué penita dan, lamiéndote el culo en busca de la galletita, del comentario del amo, de una caricia, lo que sea, cariño, un poco de cariño, si es que estamos todos tan solicos, con tal de llamar tu atención, un poquico de atención y aunque eso no sea feo, ni horroroso, ni tan monstruoso, sus caricas de angustia contraídas, sus cuerpos inventados por un contador de cuentos eslavo, esa desproporción en los gestos y en los andares y en la forma de expresarse, es la sumisión a la autoridad lo que realmente da pavor, ese arrejuntarse todos junticos a la lumbre que más calienta bajo el manto sombrío de tu figura severa, con esa fe enfermiza de que el maltrato y las ideas extremas son la mejor solución a esta corrupción que entienden es la vida. Puede que se interprete como una lectura superficial, tendenciosa o directamente incoherente, qué suerte que me la sude.

Mira otro de tu especie, en el caso de que — [censurado por el robot]

La extensión del vómito y la aparente corrección de esa sintaxis sin demasiadas tropelías graves confirma que L se lo tomó muy en serio. A no contestó. Tampoco borró.

Me gusta pensar en la cuerda que se ha ido alargando desde aquel día en que hice clic hasta hoy, hace cinco escasos minutos, cuando me topé con semejante comentario de individuo de tan pobre estofa.

Que solo son libros, hombre.

Me vuelvo al libro. Al de reportajes.

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