Preciosa imperfección

La imperfección del fotograma es lo que lo hace perfecto. Una mohosa silla de madera en primer plano intenta robarnos al pintor y a la joven. Ocupa un cuarto del encuadre. El espectador atento obviará el mueble intruso y se dejará llevar por la belleza de la estampa que se dibuja detrás y que hasta la propia silla parece mirar con atención. La hermosura del cuadro lo acapara todo: Jean Rochefort, sereno, en esa tranquila etapa vital en la que  la juventud comienza a hundirse entre las incipientes arrugas de la madurez, pincela sobre un lienzo que no podemos ver. Detrás, aferrada a la espalda del artista, la venus Jane Birkin, con una mirada de flores, asombro y pasión, hermosa hasta el dolor. Tiene la boca abierta, sexy. Sus labios susurran la eternidad.

Ella lo acapara todo. El fotograma es ella. El cuadro es ella. 28 años de metro setenta y siete dulcemente volcados sobre los hombros del hombre mientras este ejecuta, con la mirada completamente sumida en la bohemia y los labios concentrados, al amparo de un elegante bigote, la que debe ser la obra de su vida. Él viste unos pantalones de pana marrones, una camiseta blanca llena de churretones y una sucia chaqueta marrón tierra. Podría pasar por mendigo. Ella, exultante, viste un jersey fino y unos shorts (très shorts) vaqueros. La silla tapa el final del trasero, regala unos muslos y adivina una visión maravillosa de las formas de la mujer que no se pueden ver. Sólo intuir.

El escritor catalán Quim Monzó tiene un cuento maravilloso sobre un tipo que jamás terminó un libro. Siempre los abandonaba cerca del final, temeroso por la eterna sospecha de que este nunca se ajustaría a sus expectativas y lo defraudaría. Con esta fotografía, tan bochornosamente bella, salvajemente visual, sucede algo similar. No quiero ver nada más. Un sólo segundo de metraje de la pareja en movimiento lo evaporaría todo. Qué debe estar pintando para tener como tiene de compungida a la diosa de cabellos rubios que mira como con miedo oculta tras él. Nunca lo querré saber.

Anuncios

Un pensamiento en “Preciosa imperfección

  1. “Era la glòria a condició que només durés un instant i no es repetís. La glòria en aquest món es converteix en monotonia si dura més d’un instant. Un instant… aquell instant… si es deturés… ¡Instant, detura’t! Però si es detura, dura; deixa de ser eternitat per tornar a ser temps.”

    (la INCERTA GLÒRIA d’un dia d’abril….)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s