¿Mercados de barrio?

 
San Antón. Caviar, ostras, mil vinos y mil cafés junto a pastelitos del tamaño de un bocado para acompañar a otro millar de variedades de tés. Más fácil ver las cámaras que los carritos. Había hasta exposición de Instagram. Grupo de adultos. Señora: “Acabo de descubrir el placer de consumir”. Prometo que lo escuché.
 

“Hay una diferencia entre lo antiguo y lo viejo: lo antiguo es bonito, lo viejo no. Lo viejo es feo”. Es la opinión de Ricardo, gerente del céntrico mercado de los Mostenses. Con la inminente reconversión en centro comercial del de la Cebada, el de los Mostenses es el último mercado que queda en el centro de Madrid con una estética y unos precios en consonancia con la etiqueta de “mercado de barrio”. El último en el que aún pueden verse a señoras de carrito y lechuga. El último, en definitiva, porque hasta a él parece haberle llegado su hora.

El Ayuntamiento le ha declarado la guerra a la fealdad. Los vecinos de San Miguel y San Antón pueden dar buena fe de ello debido al lavado de cara que el  Consistorio le dio a sus mercados dentro del marco del Plan de Innovación y Transformación de los Mercados Municipales de Madrid. Una iniciativa que nació en 2003 con el objetivo, según fuentes municipales, de “integrar estos espacios en un moderno modelo de ciudad”. La metrópolis, dicen, ha cambiado.

En el de los Mostenses hay comerciantes de 17 nacionalidades distintas. La mitad de su clientela es española y la otra mitad es extranjera. “La práctica totalidad de los restaurantes chinos del centro compra aquí sus ingredientes”, dice Ricardo, que presume de ser el máximo responsable del mercado con mayor ocupación de toda la ciudad: hay comercios en el 95% de los 112 puestos disponibles, además de 24 oficinas. De titularidad pública, su gestión pertenecerá a la Asociación de Comerciantes de los Mostenses hasta el 2037. “Esto es una casa de locos, vienen hasta de la tienda de National Geographic a comprar la comida para su restaurante”. No obstante, a pesar de las buenas cuentas, Ricardo estima que el mercado “necesita un lavado de cara urgente”. Un hecho es innegable: los Mostenses lleva suministrando alimentos a los vecinos del distrito centro desde 1946. Y se nota. “Basta con mirar las escaleras, los desniveles, la suciedad o el suelo”, dice, el que, paradójicamente, es uno de los trabajadores más jóvenes del recinto. Con un movimiento de manos tan veloz como el de sus labios al hablar, Ricardo justifica estas reformas alegando, al igual que el Ayuntamiento, que “son imprescindibles”. Incluso utiliza el mismo argumentario: “hay que acostumbrarse a los tiempos que corren”.

Decenas de proyectos han sido puestos sobre su mesa. Los medios recogieron una ambiciosa propuesta presentada en 2009 por un equipo de arquitectas que contemplaba la edificación de un centro comercial de 11 plantas con biblioteca y piscina. 30 millones de euros. Ricardo ríe al recordarlo: “Eso era una excentricidad, una locura. Estamos valorando un proyecto que nos gusta mucho de la constructora FCC. Son una máquina de parir ideas”. Relata con ilusión lo mucho que contribuirán a la belleza del espacio los lucernarios de las dos cúpulas de 250 metros cuadrados que hay sobre el recinto, de lo necesario que es darle uniformidad a la superficie y, en definitiva, de “adecentar el mercado”. La celeridad en las palabras baja de revoluciones a la hora de enumerar los peros: “Esta gente tiene que entender que la clientela está cambiando y que el inmigrante se está yendo. Además, no es posible seguir con los horarios que llevan”.

A diferencia del de los Mostenses, que cierra de tres a cinco de la tarde, la de San Miguel es una plaza que permanece abierta hasta las dos de la mañana. De titularidad privada, San Miguel se ha convertido en un “centro de ocio gastronómico”. Al menos así lo define el propio Ayuntamiento. Un lugar de tapeo, copas de vino y naranjas a 2,40 euros el kilo, en el que es más sencillo divisar cámaras fotográficas que bolsas de la compra. En sus puestos, librería incluida, es posible comprar ostras, caviar o el delantal oficial con el logotipo del mercado por 11 euros. “Digan lo que digan, esto no es un mercado, es otra cosa”, dicen al unísono dos primos veinteañeros mientras despachan cerveza y tapas en la marisquería. Junto a los otros seis integrantes de su plantilla, la marisquería es el último establecimiento que queda en pie del antiguo San Miguel. Su dueño ha sido el único que se negó a vender su establecimiento al Gastrodrómo, la empresa que, uno por uno y durante tres años, compró los 33 puestos de esta plaza construida en 1916 y reabierta en mayo de 2009 tras dos años de obras. “De aquí no nos mueve ni Dios”, dice uno de los primos. Pero lo cierto es que hasta este humilde negocio familiar ha tenido que reinventarse, puesto que antes era una pescadería: “Como ahora todo el mundo viene aquí a tapear, nos dimos cuenta de que no tenía ningún sentido vender pescado como hacíamos antes”.

Esteban Nasclans es el responsable de un raro establecimiento barcelonés dedicado a la venta de bacalao. El Ayuntamiento de Madrid llamó a su puerta en 2006 para que formara parte del proyecto del nuevo Mercado de San Miguel. Pero algo falló: “La idea era hacer una especie de mercado de la Boquería. Yo estaba dispuesto, me habría encantado participar, pero de la noche a la mañana la empresa cambió de opinión y decidieron reorientar el proyecto y transformarlo en lo que se ha convertido ahora, que desde luego no es un mercado de barrio”. Según Esteban, curiosamente ahora es la Boquería la que pretende emular el modelo de San Miguel: “Al ser tan céntricos, el turismo es lo que manda”.

El Ayuntamiento puso en marcha en 2003 su proyecto para “impulsar la competitividad de estos comercios”. El Plan de Innovación y Transformación de los Mercados ya lleva invertidos 48 millones de euros. Tres actores clave participan en la financiación de las reformas de cada superficie: el Consistorio, la Federación de Comercio Agrupado y Mercados de Madrid (COCAM) y los propios comerciantes. Esto quiere decir que los tenderos tienen que poner dinero de su bolsillo, y así será también en el caso de los Mostenses si finalmente se llevan a cabo las mejoras. Pero el de San Miguel (declarado Bien de Interés Cultural por su bella estructura de hierro) es un caso completamente distinto. Al ser de naturaleza privada, la empresa El Gastrodrómo se ha gastado casi 20 millones de euros (incluida la compra del inmueble), con una subvención de 600.000 euros de la Comunidad de Madrid. Es decir, si aparece alguna empresa con el suficiente valor como para arriesgarse, el mercado puede sufrir un lavado de cara completo. De lo contrario, los cambios son mucho más discretos.

El Delegado de Economía y Empleo, Miguel Ángel Villanueva, asegura haber rehabilitado 38 del total de los 46 mercados de la capital. No obstante, no todas las renovaciones han sido del mismo calado. En el de Antón Martín, por ejemplo, el cambio únicamente ha consistido en la instalación de un sistema de videovigilancia de 20.000 euros que ha contribuido a avivar aún más la polémica en torno al elevado número de cámaras que hay en el barrio de Lavapiés. La subvención municipal ha sido de 6.000 euros. Además de el de San Antón, los mercados en los que ha habido una mayor ayuda municipal han sido en los del Puente de Vallecas, San Enrique, Santa María de la Cabeza y Vista Alegre. En todos se han invertido alrededor de ocho millones de euros. También en todos se ha incluido un nuevo inquilino: una gran superficie comercial.

El último en ser reformado ha sido el de San Antón, en el barrio de Chueca. Construido en 1945, y tras cuatro años de obras, reabrió sus puestos en mayo de este año. Su estructura de tres plantas consiste en una planta baja con una tienda de El Corte Inglés y 12 puestos de comida de alta calidad y precio, un primer piso con locales gourmet en los que comer sushi, ostras o pastelitos del tamaño de un bocado, y una última planta coronada por una elitista terraza de restaurante, tumbona y chimenea. El coste ha sido de 15 millones de euros, de los que el Ayuntamiento ha aportado el 30%.

Tras la decisión del Ayuntamiento de adaptar los mercados “a los tiempos que corren”, son varios los ingredientes que sugieren que el de los Mostenses va a ser el siguiente en pasar por boxes. Lo dicen los aromas a pescado que a diario se vuelven a incrustar en la mohosa piedra del recinto. También lo dicen la seriedad y solemnidad de las caras de las 60 familias, que prefieren no hablar con la prensa porque lo único que les interesa es “no estar de brazos cruzados el año que duren las obras”, como dice un anónimo carnicero. El estado de ánimo de los tenderos de los Mostenses es tan variado como la naturaleza de sus comercios. En un mercado en el que verdulería y frutería conviven con un taller de relojería, una peluquería asiática o una tienda de telefonía móvil, cuesta creer que todo vaya a permanecer igual una vez que su gerente, Ricardo, haya acometido las reformas que pretende. Valeriano, un anciano pintor que lleva 44 años trabajando en este lugar, es indiferente a todo y no se muestra interesado en vender: “Me da igual, yo estoy a gusto aquí”. Primero fue carnicero, después pollero y en la actualidad, parece haber encontrado la felicidad en la venta de los óleos consagrados de grandes artistas españoles. Todos los días, a las once de la mañana, se encierra en un cubículo del tamaño de dos zancadas, y los copia a todos: Picasso, El Greco, Dalí, Goya, para venderlos a diez euros la unidad. Cuesta imaginarse a Valeriano, de 81 años, trabajando en sus cuadros si finalmente se llevan a cabo las reformas. En los tiempos en los que la belleza reside en lo antiguo, lo viejo ya no interesa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s