Cromos

Y te pasas la vida recorriéndola, tachando casillas, coleccionando cromos de historia y piedra. Cuando llegas a uno, te suena tanto su cara que se te queda mirando en plan: -¿Qué esperabas?-.  A mí me tocó el de la Mezquita, y sólo la pisé por propia voluntad cuando la perdí, porque me fui a otro lado a vivir. En Nueva York, que no han perdido nada porque ya lo tienen todo, pareciera que ya hubiesen completado el álbum. Al menos los que yo conocí.

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