Los comerciantes de Sol, los otros indignados

Mutismo e indignación. La práctica totalidad de los trabajadores de los comercios situados en la Puerta del Sol se declara “harta y cansada” de la acampada del movimiento 15-M. En muchos casos se niegan a prestar ninguna colaboración con los medios. “Ya está todo dicho”, afirman, declarándose “deseosos” de que la acampada llegue a su fin y aseguran estar atravesando una situación de “hartazgo” debido al importante perjuicio económico que dicen estar sufriendo y que se traduce en un descenso de las ventas, que cifran en un 50% de media.

A pesar del comunicado emitido por la plataforma Democracia Real Ya el lunes en rueda de prensa, en el que se tachaba de “bulo” todo lo relacionado con el malestar de los comerciantes con la acampada, la actitud de los comerciantes del céntrico enclave madrileño es la misma que la de los acampados: de indignación.

Los comerciantes, que se encuentran reunidos esta tarde con la delegada del Gobierno para encontrar una solución,aseguran sentirse engañados por la decisión de continuar con la acampada tomada en la asamblea del domingo. El presidente de la patronal madrileña CEIM, Arturo Fernández, declaró ayer que “salvo sorpresa, su organización acudirá hoy a la Fiscalía para pedir daños y perjuicios por las grandes pérdidas ocasionadas a los comerciantes de la Puerta del Sol por culpa de la acampada del movimiento 15-M”.

“Todo esto le está viniendo fenomenal al turismo y al comercio, ¿no lo ves?” dice irónicamente y casi a gritos el gerente de Casa de Diego, un establecimiento que lleva 153 años dedicado a la venta de sofisticados abanicos y paraguas en un pequeño local en el kilómetro 0 de Madrid. Visiblemente preocupado, este hombre de mediana edad y elengantemente vestido tiene que morderse la lengua cuando es preguntado por las repercusiones que la Spanishrevolution está ocasionando en su negocio: “Desastre total, y no digo lo que pienso.”

Como muchos otros de los vendedores de la plaza, ha recibido la consigna de no hablar más con los medios. Su rostro dibuja de forma nítida la furia y la impotencia que lleva arrastrando desde hace ya 18 días, cuando comenzó todo. Un importante lastre con el que tiene que cargar este refugio del Madrid más clásico, situado en la esquina con la calle Montera, es el de la edad media de su clientela, que es considerablemente más alta que la del resto de comercios. “Que se vayan ya, esto está siendo una ruina”.

Pérdidas del 50%

La mayoría de los trabajadores cree que las pérdidas en los negocios es del 50% de media. No es lo que ocurre en Sbarro, un establecimiento de comida italiana para llevar que está justo al lado de la tienda de abanicos. Aunque ahora el alza en las ventas se ha estancado, en esta pequeña tienda encargada de suministrar cientos de porciones de pizza al día aseguran haber tenido fuertes beneficios al comienzo de la revolución: “Durante la primera semana vendíamos como un 70% más, pero ahora nos gustaría que se fuesen ya”, comenta la única dependiente de Sbarro esta mañana; Laura, una rumana de 26 años. “Al principio había mucha más gente y ahora se han quedado los que no pintan nada” opina, en relación a la deriva que está sufriendo esta espontánea ciudadela de la indignación, en la que la presencia de indigentes, toxicómanos y violentos es cada vez mayor.

El caso de esta pizzería es minoritario. Sbarro ejemplifica la excepción de los establecimientos de comida rápida, los únicos ganadores en esta revolución junto con las decenas de vendedores ambulantes de origen chino, indio y paquistaní que ofrecen sus latas de cerveza a un euro una vez que cae el sol en la plaza. La situación en la tienda de la franquicia Rodilla, especializada en sándwiches, es bastante similar. Ellos también están ganando y solo tienen un engorro: “Sólo tenemos problemas con los cuartos de baño, que están sucísimos”, comenta una chica con una gorra verde sobre su cabeza y la atenta mirada de su jefa en su nuca. Como ocurre con muchos otros empleados, a esta joven le han dado directrices para no hacer ninguna declaración en relación a la acampada”. Nerviosa, antes de callar definitivamente comenta que “la gente viene a la tienda porque sabe que hay servicios y es un asco. Hasta fuman droga”.

Otras grandes cadenas como Vodafone o El Corte Inglés, siguiendo el mutismo generalizado, se limitan a ofrecer un número de teléfono de información. No obstante, basta descifrar el gesto de disconformidad presente en la cara de cada empleado al ser preguntado para confirmar que tampoco a las grandes les va nada bien.

Del desencanto al enfado

Las mayores dosis de desencanto y enfado unánime se encuentran en los establecimientos de moda y belleza. En Sephora, especializada en cosméticos, aseguran que las ventas han bajado un 30%. En una pequeña tienda de modas para bebé quieren “que se acabe y ya”. El encargado, un treintañero locuaz, con gafas de pasta y gesto de extenuación, no quiere decir nada: “No voy a hablar ¿Qué te voy a contar?”, dice antes de revelar que las pérdidas son también del 30%.

Lo mismo ocurre con la suerte. Tanto el puesto de Loterías y apuestas del estado como los cuatro o cinco vendedores de cupones de la ONCE que se reparten la plaza cifran en un 50% la caída de las ventas. “Esto es un negocio que ni mejora ni empeora, las ventas son una línea horizontal y desde hace una semana lo estamos notando, y mucho” dice la encargada de la administración nº 10. El vendedor de la ONCE es menos gráfico pero más claro: “Como no tengan cuidado aquí va a haber una guerra. Estamos vendiendo la mitad y esto ya cansa. Todos sufrimos la crisis”, sentencia.

Tras el primer desalojo, el de la madrugada del lunes 16, acampados, comerciantes y vecinos afrontan cada nueva jornada con incertidumbre. Cualquier noche podría ser la última y la policía podría intervenir. Mientras tanto, los días pasan, los acampados cada vez son menos y los comerciantes continúan con su lucha. El vendedor de la ONCE se centra en sus ventas. No para de gritar aquello de “millones, millones, esta noche toca. Seguro”. Pues eso. Cualquier noche le tocará a Sol.

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