Tres noches en la revolución

El domingo 15 de mayo de 2011, miles de jóvenes tomaron las calles de las principales capitales de España para gritar unidos por el cansancio y el hartazgo que les produce la actual situación política y económica y sus repercusiones en la sociedad. Ese día, en Madrid, hubo 24 detenidos. Medio centenar de compañeros decidieron acampar el lunes en solidaridad con ellos y de forma espontánea en la Puerta del Sol. Cuando la policía les desalojó a las 05.30 eran medio centenar. El martes, cuando ya eran miles, la revolución ya parecía imparable.


Martes 17

Resultaría sencillo imaginar la clase de gente con la que uno esperaría encontrarse por la Puerta del Sol un martes de madrugada. En el centro de Madrid siempre hay alguien celebrando. No era así esa noche. En lugar de hacer la fiesta, la noche del 17 en Sol se fraguaba la revolución. La semana del 16 al 21 algo sacudió Madrid, y con ella, al resto de ciudades del país. El campamento de la puerta del Sol, con toda su heterogeneidad de ideas y de personas, fue brotando a lo largo que pasaban los días, desde el caballo de Carlos III hacia el resto de la plaza, extendiendo sus toldos, sus puestecillos y sus tiendas de campaña como un niño creciendo, un organismo en expansión, nutriendo a la gente y a su sed de revolución.

Son las cuatro de la mañana y cientos de jóvenes sentados en calles aledañas al céntrico enclave madrileño se encuentran reunidos en asamblea general, el lugar donde se debaten las propuestas salidas de las distintas comisiones que conforman esta protesta en convivencia. Aún está todo por hacer. Esta noche se debate desde el tipo de proclamas que deben ponerse en las pancartas de protesta que hay alrededor de toda la plaza hasta la supresión de la Audiencia Nacional. “¿Pero somos o no somos antisistema? ¿Pedimos el voto?”, gritan. De vez en cuando la asamblea deriva en el mismo tema: “¡Que la policía no va a cargar!¿Pero es que no veis cuántos somos?”. La diversidad que caracteriza a esta amalgama de ciudadanos, que reivindican desde la República hasta el feminismo o el voto en blanco, hace que la toma de decisiones lleve horas. “Todo el mundo tiene voz, eso les caracteriza”, me comenta una chica sentada a mi lado. Un joven sustituye a la compañera que hace un segundo hablaba por el megáfono, y la chica me comenta que en aquí no hay ningún portavoz general porque todo se hace de forma horizontal.

Aunque este espontáneo movimiento popular ya prendió la mecha el lunes, es ahora, que la Puerta del Sol se ha llenado, cuando los medios de comunicación empiezan a dedicarles minutos y páginas. Hoy se cuentan hasta cinco furgones de medios de comunicación. Ayer no había ninguno.

Miércoles 18

En las reuniones del miércoles impera con extrema urgencia la necesidad de redactar un nuevo manifiesto que aglutine no sólo el ideario de Democracia Real Ya -la plataforma convocante de la manifestación del 15M – sino una serie de propuestas y principios que representen a todos los allí reunidos.”Esto ya no es de Democracia Real Ya, esto ahora nos representa a todos. No tenemos identidad política, ni banderas ni protagonistas”, indica Javi, participante voluntario -como todos los que están aquí- en la comisión de información, la encargada de emitir la información oficial de la acampada en Sol, de la Spanish Revolution, de la concentración de los indignados, los del 15M o como se les prefiera llamar.
Está bastante enfadado con EL PAÍS porque hoy ha leído una información en la que se decía que la policía iba a repartir octavillas difamando a los concentrados.

La masiva afluencia de ciudadanos de la convocatoria del martes a las ocho de la tarde les obligó a tener que desmontar temporalmente el campamento casi en su totalidad. Hoy a las once de la noche las ocho comisiones ya han quedado instaladas de forma más permanente y un mapa de todo el campamento es dibujado con orgullo y pegado con celo bajo el caballo de Carlos III. El ambiente está tenso porque hoy la Junta Electoral ha declarado ilegal la concentración y los indignados representan su rabia arrojando gritos mudos a la plaza.

Poco después de la medianoche, la excelente coordinación demostrada por todos los participantes -hay hasta voluntarios recogiendo basura y barriendo- se tiene que enfrentar a un reto aún mayor para la supervicencia del sueño:una tromba de agua que no cesará hasta bien entrado el amanecer. La situación toma tintes pre apocalípticos pero se consigue salvar a tiempo gracias a la eficaz instalación de toldos y lonas a velocidad récord y a los cánticos de ánimo y apoyo de los cientos de concentrados: “Lo llaman democracia y no lo es”, gritan, mientras colocan palos que actúan como columnas de una carpa que, a pesar de los cubos y los paragüas, se va llenando cada vez de más y más agua. El suelo que horas antes había sido convenientemente alfombrado con cartones encontrados en la calle es ahora un farragoso pantano de celulosa negra incrustada en piedra.

Algunos ya han sacado sus sacos y duermen mientras cataratas espontáneas aparecen de la nada escupiéndoles en la ropa. Una voz a lo lejos considera “privilegiados” a los pocos que pueden dormir sobre esos improvisados somieres de láminas que esta noche responden al nombre de paléts. La mayoría de los que permanecen de pie parecen estar centrados únicamente en canalizar los tramposos riachuelos que sobrevuelan los gélidos cogotes de todos los allí reunidos. Locos empapados y abrazados bajo una carpa, en una noche atípicamente fría de mayo y reunidos bajo una misma causa: la indignación.

Jueves 19

El jueves el niño ya anda y le han salido los dientes de leche. En la comisión de alimentación sobra comida: “Necesitamos café y comida caliente, no traigáis más pan, galletas y patatas porque no damos a basto”. Ya han instalado baños portátiles y hasta un huerto, una zona de objetos perdidos, otra de lectura de periódicos y el número de tiendas de campaña ha aumentado de forma notable. También el de cervezas. Desde el primer momento, esta concentración ha contado con el agudo ojo empresarial de los chinos y paquistaníes que se dedican desde hace años a repartir cervezas por un euro en la noche madrileña. También desde el primer día la organización no ha cesado en su insistencia: “Esto no es un botellón, por favor no bebáis, esto es una revolución”. Así pues, que el jueves es el viernes de los universitarios se nota esta noche, y mucho.

Continúan las asambleas y también las divisiones. La extensa diversidad de ideas en las pancartas recuerda a uno de los lemas de este movimiento popular:”Lo queremos todo y lo queremos ahora”. Un chaval estudia literatura sobre su saco de dormir en lo que parece la zona de acampada del movimiento feminista. Bajo carteles de “La revolución será feminista o no será”, este chaval de 23 años se prepara los exámenes de selectividad dándole momentáneamente la espalda a la revolución, pero tumbado sobre ella. Otro, de cabeza rapada, chupa de cuero y heavy como el que más, completa el círculo literario leyendo a Faulkner. Y muchos, muchísimos, simplemente contemplan, sentados o de pie, el trocito de historia que llevan presenciando desde hace cuatro días y que aún no han conseguido digerir mientras se preguntan: ¿Qué pasará mañana?

Recomiendo encarecidamente la lectura de este texto de Ramón Lobo sobre todo lo que está ocurriendo en Sol

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