Hartazgo de exclusividad

En Madrid Foto 2011 hay un estand de cerveza Heineken. Simpáticos y relucientes, un chico y una chica regalan botellines, espolvoreando cientos de vidrios verdes a lo ancho y largo de las blancas paredes instaladas en el pabellón 5 de Ifema en Madrid. A la salida del estand, colgada en la pared, una fotografía: un enorme botellín como el que sujeta el visitante, al que aún no le ha dado tiempo de dar su primer sorbo cuando le asalta la duda: ¿Este cuadro forma parte de la exposición? ¿Esto de la pared es publicidad o arte? ¿Hay que mirar

Los organizadores aseguran que todos los trabajos expuestos en la tercera edición de esta feria internacional de arte enfocado a la fotografía contemporánea proceden de galerías rigurosamente seleccionadas por un comité de expertos. A lo largo de los 50 expositores nacionales e internacionales, uno tiene la sensación de adentrarse en un pequeño islote que le va alejando de todo cuanto le es conocido. Un submundo en el que técnica, demencia y avaricia encuentran una excusa con la que entenderse, no sólo a través de la fotografía, sino también del Photoshop, la pintura, la escultura y unos precios que en ningún caso bajan de las cuatro cifras. Una feria.

Una guapa finlandesa es la cara visible de este año de la Gallery Taik, una prestigiosa galería -todas dicen serlo- con sede en Helsinki y Berlín. Para esta edición, la Taik ha apostado fuerte por Ea Vasko, un artista finlandés con fotografías predominantemente monocromáticas en las que una fuerte luz chillona lo domina todo. El gesto de la coordinadora de la galería se volverá extraño y áspero con el visitante que le pregunte con inocente ignorancia que si hay un mercado para este tipo de cuadros: “Sí, claro que se venden”, dice.” Vasko en concreto juega con las superficies urbanas. En sus fotografías busca reflejar destellos y luces en distinto tipo de materiales y obtener así este increíble resultado”. En la página web del artista las fotografías no lucen tan bien como en el colosal soporte que le ha dedicado la Gallery Taik. La web, si bien es resultona, no informa del precio de este desenfocado destello rosado perteneciente a la colección Reflections of the ever-changing. La amiga finlandesa sí se sabe el precio: 3.700 euros. El visitante entendido, el que luce americana de entendido y mirada de asombro -y de entendido- sentenciará: “es maravilloso”.

Para el conocedor de lo que le depara Madrid Foto 2011 todo es maravilloso. Como en el estand de la Galería Hartman, donde dos bellas mujeres de impecable vestimenta conversan sobre bolsos frente a un lienzo de blanco Ariel del que brota discretamente el asa de un Bolín. “Se trata de uno de los modelos más importantes de la marca Hermés. Es la fotografía del primer Bolín, el bolso que representó la revolución de la mujer”, asegura, probablemente por millónesima vez esta mañana, la encargada de la Galería Hartman.

Y así todos. Cada galería es un compendio de anécdotas. Maravillosas historias dignas de algún guión de Woody Allen en las que, todo por fruto del destino, la historia se hizo fotografía, el artista encontró a su musa y ésta fue canalizada a través del diafragma de su cámara.
Es lo que le pasó a Gilbert Garcin, un jubilado francés que a los 65 años decidió apuntarse a un concurso de fotografía para después ganarlo y recibir unas cuantas clases maestras de manos de un profesional. Hoy, una selección de sus obras -en las que siempre aparece él junto a su esposa plasmando lo trágico de las relaciones de pareja- comparten pared con el trabajo de otro autor, un bodegón en el que un pequeño payaso de juguete luce sonriente su velludo y sobredimensionado pene. Junto a él, un pulpo lo mira fijamente mientras descansa sobre un zapato de cristal. Frente al cuadro, los visitantes, también miran fijamente.

La fotografía de dos metros de alto en la que tres mujeres de rasgos orientales y entradas en carnes lucen su desnudez te grita que la mires. Los elefantes de 9.700 euros el cuadro te paralizan. Y el culo, -¿masculino o femenino?- rodeado de cabezas de terneros, te pregunta.
Y todo, al mismo tiempo, rodeado de ese halo de magnificencia.Tan insólito, y a la vez, tan exclusivo. Además de cerveza, hay un puesto en el que sirven gin tonics; en otro regalan el café de pequeñas capsulitas de colores que introducen en máquinas que, a su manera, también podrían ser piezas de arte. Incluso una firma de joyería se inventa un concurso de fotografía para aprovechar y montar su propio estand y decir aquello de “ya estoy yo aquí”. Hay hasta sala Vip, custodiada por dos hombretones que impedirán que tú, plebeyo, siquiera mires el canapé.
Un simpático señor bajito, que en lugar de americana luce zapatillas de deporte, se sienta en una de las pocas sillas disponibles para el visitante y saborea su gin tonic. Es de los pocos que ha venido sin acompañante a la feria. Dice que le gusta la fotografía pero que no entiende mucho del tema. En cuanto a la exposición, “está muy seria, le falta algo”. Tiene la intención de comprarse el catálogo de 12 euros que venden a la salida de la feria; un libro con el que, según confiesa, espera mantener en su memoria el recuerdo de la exposición.

A la salida de la feria, llega el orgásmico momento tienda. Sólo hay ediciones gigantes de libros fotográficos y algún que otro tratado. Una norteamericana de mediana edad coge con fuerza esa archiconocida bilbia de la fotografía firmada por Susan Sontag y de nombre On photography y pregunta desconcertada al dependiente: Perdona, ¿aquí pone 20 euros? Creo que nunca lo he visto tan caro.

Termina el circuito. Tras invertir 12 euros en la entrada, y un tiempo razonable en la admiración de los estands,  es probable que aquel que sólo vino a mirar se vaya con la satisfacción del deber cultural cumplido. También es probable que conserve la misma duda del principio, de cuando se bebió la Heineken: ¿es esto arte? El señor bajito de las deportivas tiene bastante clara esta cuestión: “todo esto puede parecer muy absurdo, pero quizá los absurdos somos nosotros, que no lo entendemos”.

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Un pensamiento en “Hartazgo de exclusividad

  1. “No existe, realmente, el Arte. Tan sólo hay artistas. […] Entre unos y otros han hecho muchas cosas los artistas. No hay ningún mal en llamar arte a todas estas actividades, mientras tengamos en cuenta que tal palabra puede significar muchas cosas distintas, en épocas y lugares diversos, y mientras advirtamos que el Arte, escrita la palabra con A mayúscula, no existe, pues el Arte con A mayúscula tiene por esencia ser un fantasma y un ídolo”, así comienza Gombrich su libro La Historia del Arte. Sin embargo, más adelante niega que esta cuestión sea “un todo vale” y matiza el popular refrán “Sobre gustos no hay nada escrito” pues “puede ser verdad, pero no debe negarse el hecho comprobado de que el gusto puede desarrollarse”.

    Si una fotografía de un culo rodeado de cabezas de terneros o un destello rosado es arte o no, es algo que, por desconocimiento, no puedo juzgar. Todavía me muevo en el mundo de los gustos. Sí puedo expresar cuál es la emoción que evoca en mí una imagen o qué significado le doy para que me produzca agrado, aversión o indiferencia, pero suspendo a la hora de contextualizar la obra con su época, con los motivos del autor, con las técnicas utilizadas. Según Gombrich ambos elementos son necesarios, pero entiendo que el manejo del segundo diferencia al erudito del lego.

    Sin embargo, no llego a entender por qué al referirnos al Madrid Foto 2011 intentamos hablar de arte. Igualmente no lo entiendo con otros eventos del estilo como Arco, etc. A 12€ la entrada al recinto y 1.000€ la obra más “asequible” creo que no es de arte ni de cultura de lo que estamos tratando. Es posible que nos engañe la estética chic de los stands que no huelen a pescado fresco, que en vez de carajillo en el bar se sirvan gin tonics, que los vendedores lleven trajes chaqueta en lugar de mandil. Pero estaría muy ciega si tras la belleza finesa no viera a una verdulera que lo único que pretende es colocar su género al mejor precio. No nos engañemos, no hablamos de arte (con A mayúscula o a minúscula), hablamos de Mercado.

    Una desentendida en arte.

    … me ha gustado mucho tu texto y tu foto.

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