Café

Dicen que antes de morir uno se queda en la más profunda de las inopias mientras un ligero y agudo pitido se cuela por el oído izquierdo. Tal es su frecuencia que por algún desconocido y misterioso motivo ésta te transmite la seguridad de que el término de la vida es inminente. Nunca has escuchado un pitido así.

Es entonces, con la más absoluta de las certezas de que vas a morir, cuando eres capaz de recordar todos los momentos de auténtica felicidad de tu vida. Tu cerebro, en un último y crítico esfuerzo por recordar, es capaz de aglutinar cada una de las veces que una sonrisa se posó en tu cara y todos los momentos en los que lloraste por un irrefrenable torbellino de felicidad y las inyecta en tu memoria en poco más de un segundo. Entonces mueres.

Y cuando mueres ocurre algo muy simple. Vuelves a revivir todos esos momentos. No exactamente los mismos, sino que experimentas las mismas sensaciones pero en otro cuerpo, con otra identidad y con otra vida. Los podemos ver. Conviven entre nosotros y son conocidos como los optimistas.

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