El día que murieron los niños

Cuando largo tiempo atrás asistimos expectantes y nerviosos al nacimiento de Disney Channel (allá por los tiempos de Canal Satélite Digital) recuerdo a semejantes de inocente mentalidad como la mía creer con una perfecta e inexcusable lógica que el canal temático actuaría como contenedor perfecto en el cual se emitirían todos los cortos y largometrajes clásicos de la factoría americana. ¡Cuan magnífica oferta de ocio hubiese sido ésa viejos amigos! Pero por desgracia ninguno de nosotros podíamos imaginar el tan funesto matiz de dramática ingenuidad que cargaban nuestras románticas ideas.

El horrendo canal que hoy consumen millones de niños a lo largo y ancho del planeta ha resultado ser una vergonzosa franquicia cuyos productos únicamente toman de la Disney los dólares que los financian. Obviaré centrar mis iras en el escasísimo contenido de dibujos animados faltos por completo de espíritu “Pinochesco” para volcarme de lleno en el tema más delicado: la Generación Hannah Montana.
Así denominaremos a los sujetos protagonistas del enorme abanico de series juveniles vergonzosas y nada innovadoras del canal. Series que parecen directamente sacadas del manual de estereotipos americanos para ficciones de instituto que todo guionista debería estudiar en primero de carrera si existiese tal licenciatura.
La Generación Hannah Montana deprende sonrisas perfumadas de fresa y gomina allá por donde pasa. Mientras los jóvenes se atusan sus infinitas cabelleras en el reluciente reflejo de sus taquillas estudiantiles, ellas mantienen unas conversaciones cuyo previsible contenido parece competir en cuanto a número de clichés. ¿Por qué todas estas series irradian ese insoportable tufo de fama y éxito fácil carente de mensaje que despiden sus protagonistas? Son series cuyo único discurso es el de la respuesta inmediata a estímulos. No hay un mínimo de valores ni un mínimo de realidad en la que considero la colección de mayores bazofias paridas de 21 minutos de duración. ¿Por qué todos los personajes son tan ideales, guapos y pestilentemente opulentos? Y por último y más importante, reiterándome en el tema capilar, ¿por qué no hay ningún chico con pelo corto peinado de forma normal sin tanta química pegajosa ahí arriba?

Llama especialmente la atención la cantidad de contenidos protagonizados por jóvenes adolescentes extasiados de éxito y fama dentro del campo musical. Ante el insultante beneficio que High School Musical está reportando a la Disney se ha multiplicado la oferta de clónicos productos con mismo porcentaje de amores y desamores prepúberes, bailes de fin de curso por doquier y excéntricas vestimentas cuyas costuras y esperpénticos diseños rellenan el vacío que deja las líneas del guión.

El análisis que se puede hacer de Disney Channel es asustantemente exhaustivo. Yo no participaré más de este escándalo. Porque realmente lo es. ¿Qué clase de valores están adquiriendo los niños y niñas de hoy con estos contenidos? Párense y sintonicen por unos minutos el bochornoso sustituto del canal Flymusic de la TDT y reflexionen sobre el discurso que la Disney está ofreciendo y los mensajes que los niños van a almacenar en su cabecita.
Quizás (probablemente) esté siendo en exceso negativo, pues incluso cuando los de mi generación éramos más pequeños proliferaron todo tipo de animaciones violentas y agresivas. Es probable que este mensaje no tenga razón de ser y mi alarmismo se calme con aquello de que “siempre las generaciones pasadas fueron mejores”. Es posible sí, pero por otro lado diré en mi defensa que hasta Bola de Dragón (o como diría toda buena madre, “Güoku“) transmitía unos valores éticos y morales.

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3 pensamientos en “El día que murieron los niños

  1. Hola mi nombre es Sonia y estoy realizando un trabajo de investigacion sobre la relacion de los joves y los clasicos de disney. el por que de su vigencia en nuestras vidas y me gusatria saber si usted conoce algun libro o estudio q e pueda ayudar a reliazar mi marco teorico sobre este tema o algo q se relacione, me seria de gran ayuda.Si usted sabe algo, le ruego me mande un maiol a soniv88@gmail.com.Muchisimas gracias

  2. Normal, tanto anuncio de Camp Rock acaba hinchando a cualquiera. Desde luego, me alegra haber tenido desde mi generación como referente infantil a Son Gokuh u Oliver Atom antes que al puto “Zack Efron”.Lo peor es que lo han quitado por FlyMusic en lugar de por un canal con bastante menos audiencia (pero que era accionista del grupo): Intereconomía ¬_¬

  3. Ante todo debo reconocer que soy fiel seguidora de Disney Channel, a pesar de mi edad (y en contra de los estereotipos ‘adolescentes’ de hoy día).Es cierto que Disney Channel emite muchas series, como bien dice usted Anthony, poco representativas de la realidad, que además venden un mundo de facilidades y éxitos asegurados. Probablemente muchos niños sueñen hoy con ser Myles Circus (Hannah Montana), con una doble personalidad, un gran chalet, un grupo musical y mucho, quizá demasiado éxito. Niños que podrían incluso caer en las garras de la adolescencia demasiado pronto, como esta joven (retomando a Myles)que ya publica fotos de su torso semidesnudo a sus 15 años.Hasta ahí estoy de acuerdo. Pero discrepo en que estas series sean más perjudiciales y menos morales que Bola de Dragón, serie de la que siempre he sido declarada enemiga. High School Musical muestra a los chicos lo importante de la amistad y humildad. El Club de la Herradura el respeto a los animales, y la competitividad sana. Camp Rock de nuevo la humildad y el esfuerzo… Sí es cierto que todos los protagonistas son encantadores, guapos y corpulentos. Cantan como dioses, o montan a caballo como auténticos profesionales. Pero no matan, como en Bola de Dragón, ni se pegan, ni luchan, ni se llaman ‘chichi’, ni les ponen las ‘braguitas’… Digamos que en lo que a mi respecta, seguiré prefiriendo siempre Disney Channel (si algún día tengo hijos, procurando enseñarles que la vida hay que trabajarla) antes que Goüku.Por cierto, una rápida aclaración. La carrera de guionista sí existe. Pero en escuelas privadas y tan solo una pública: escuela de difícil acceso con duras pruebas de selección, donde a parte de guión encontramos fotografía. No se denominan ‘diplomaturas’, pero están a la altura de las mismas.

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