Californicated

Escribo estas líneas plenamente consciente de cuan fuera de lugar está a estas alturas hablarle al lector de Californication sin que haya novedad alguna en la ya finalizada trama de la primera temporada. No obstante, la expectación ante el inicio de la segunda en la americana Showtime y el ferviente deseo de poder empezar a oír algún eco de edición en DVD me han empujado al teclado con el fin de trasladar la humilde opinión de un servidor acerca de la que considero ficción revelación del 2007 por excelencia, y más importante aún, para reflejar mi opinión sobre la inaudita naturaleza del personaje que la abandera, Hank Moody.

Considero que la grandeza de esta fenomenal serie estadounidense reside en su complejo y al mismo tiempo amigable y receptivo guión. Astutas y afiladas líneas de diálogo se suceden de forma ininterrumpida en los treinta minutos de ficción de una manera inteligente y fresca que obliga al espectador a no perder detalle si pretende comprender las sutiles e inteligentes gracias del renovado Duchovny y su reparto. Mientras tanto, la insistente atención del espectador, que experimenta estimulantemente un desfile de atractivas y sugerentes situaciones de cuestionable fidelidad a la realidad de la calle, es premiada con giros argumentales inusitados e intervenciones memorables, todo ello desarrollado dentro de una embriagadora y sensorial atmósfera. Una atmósfera de las más contemporáneas , heterogéneas y en ocasiones, ¿por qué no admitirlo? irreales que se recuerdan de la ciudad de Los Ángeles .

Aceptemos sin tapujos que Californication acusa de sufrir una seria borrachera de clichés de costa oeste californiana y de la vida más puramente elitista americana; el lifestyle de Hank Moody se presenta irreal en exceso, pero sorpresivamente este hecho no resta calidad a la serie. A pesar de encontrarse inmerso en un estado anímico y vital deplorable, se nos muestra un personaje atractivo y mordaz cuya vida resulta tentadoramente envidiable a juzgar por el apelotonamiento de apetecibles y sensorialmente intensas situaciones que se dan cita en ella. Aún tratándose de un célebre escritor, uno tiene la impresión de estar asistiendo durante treinta minutos a la forma de vida del perpetuo protagonista de videoclip de la MTV, sólo que esta vez el sujeto sí que tiene algo que decir.

Las palmeras y patinadoras en bikini contextualizan el constante guitarreo Rayban pestilente a Whiskey omnipresente mientras le acompaña el rugir de los descapotables en los silencios que ofrecen las olas de la playa de Malibú. El agente, los clubs nocturnos y el estudio de cine son ejemplificaciones de la sucesión de arquetípicos elementos que lejos de suponer un elemento de connotaciones negativas para la serie, constituyen todo un signo de distinción siempre y cuando el espectador sepa a lo que se enfrenta. Toda una huella definitoria que eclosiona con enorme magnificencia gracias al vibrante guión sacado de un inédito manual de estilo a juzgar por las últimas creaciones de ficción televisiva estadounidense desarrolladas en California.

La ironía que escupe la psique del protagonista golpea con estupor a aquél que visione la serie, fomenta la reflexión existencial e incita a replantearnos ante qué tipo de persona nos encontramos cuando súbitamente realiza semejante acto en pantalla que nos deja fríos.-Un segundo, ¿acaba de bañar su cigarrillo en una montaña de cocaína?-

Se nos presenta ocasionalmente un inesperado y bienvenido debate interno ante un personaje que, como el ser humano, es imperfecto. Y no me estoy refiriendo a la incapacidad de llevar una relación sentimental a buen puerto o de la no eficiencia laboral y profesional; me estoy refiriendo una imperfección alojada en lo más profundo del seno del ser humano que le invita a obviar puntualmente sus valores morales o sus normas éticas preestablecidas en pos de priorizar el más innato deseo de satisfacción y realización personal. La instantaneidad del placer, ya sea sexual como intelectual o la preferencia por la respuesta de estímulos antes que por el razonamiento hacen de Hank Moody una persona sincera consigo mismo y lo que es más importante, de forma respetuosa en todo momento con aquellos que lo son con él.

Así pues, se nos presenta el curioso e interesante nuevo discurso de un ególatra que ocasionalmente se atraganta con la vida y sus elementos más inestables que actúa en beneficio propio esquivando en la medida de lo posible el mal ajeno .

En mis primeros visionados frecuentemente me planteaba la moralidad de los actos de Hank tratando de catalogarle. Doce capítulos después, he llegado a la momentánea conclusión de que esta persona, buena o mala, es sencillamente auténtica y sincera consigo misma. La moral, como sucede con el karma, es un concepto que frecuentemente se torna carente de objetividad y que varía según los ojos de la persona que la juzga.

A Hank su receta existencial no acaba de salirle mal del todo. Por supuesto, habría que comprobar cuánto de la filosofía de Californication llega a buen término fuera de las fronteras de las soleadas palmeras del distrito de Venice. Sin las patinadoras de Sunset Boulevard.

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