Viajar con la música

Cuando una canción hace despertar en ti ciertas sensaciones es un momento mágico. De hecho, opino que la verdadera música es aquella que de algún modo te hace estremecer por unos momentos.
Pero la experiencia realmente es recomendable cuando la melodía te hace viajar. Te hace olvidar el presente y trasladarte a un club de jazz de Nueva Orleáns, a un concierto en el Palau Sant Jordi de Barcelona o incluso, viajar atrás en el tiempo.

Tal y como si se tratase de una antigua amistad que ya creía olvidada, hay días en los que de repente me cruzo con ella y vuelve la chispa. Sin mediar palabra entre nosotros, pues no es necesario.
Cuando me reconcilio con una canción meses después de acabar cansado de ella, su sonido me dibuja mentalmente el contexto donde la gozaba, haciendo de éste, un momento que podríamos calificar de auténtico flash back. Es como si alguien hubiese rescatado de zonas desconocidas del cerebro una serie de informaciones y sensaciones que creíamos olvidadas.
Regresa a tu mente el lugar donde solías escuchar el tema, las preocupaciones que por aquel entonces protagonizaban tu quehacer diario, el olor que desprendía la cortadora de césped, característico del jardín donde cada tarde te tumbabas con los cascos, y te despreocupabas del universo.
Vuelven tus catorce años, vuelven tus meriendas rebosantes de chocolate, las eternas discusiones de fútbol con tus amigos. Vuelven los partidos de baloncesto con cuestionable reglamentación, las horas muertas en la consola y aquellos deberes del instituto que quedaron por hacer.

De repente, el amor que un día sentí por los acordes de esta canción regresa sin previo aviso, obnubilando mi mente de tal modo que me es imposible recordar los motivos por los que un día enterré aquel disco en el más oscuro cajón de mi cuarto.
Eso ya no importa. Ella y yo hemos vuelto. Siempre creí en las segundas oportunidades, y en esta ocasión no tuve opción alguna. Ella me atrapó fruto de la casualidad. Sea quien sea el culpable(¿quizás el destino?) hemos vuelto.
Mientras la disfruto como la primera vez,(le acompaño con mi voz constatando asombrado que la recuerdo perfectamente ) afirmo con el más profundo de los convencimientos que nunca más la abandonaré.

La música es algo maravilloso. Esta cualidad de recuerdo junto a otras muchas más hacen de la escucha musical una experiencia incalificable. De hecho esto es precisamente lo que le caracteriza: cada persona tiene su propia forma de sentir la melodía.
Independientemente del estilo que escuchemos, de una u otra forma la música es capaz de despertar en nosotros las más dispares sensaciones. Para lograr este fin nos quedamos con la parte con la que más nos sentimos identificados.
A riesgo de quedar un tanto filosófico, afirmo convencido que la música realiza una excelente labor espiritual llenando la porción de vacío, que sea por la circunstancia que sea, habita en nuestro ser en ese momento.
La música cumple su función primordial cuando encontramos el sonido que realmente se adecua a nuestra perspectiva y nos completa.

A veces, conscientemente o no, el ser humano adquiere hábitos y costumbres perfectamente comprensibles, pero no por ello dejan de ser curiosas.
Una de esas simpáticas costumbres que solía tener en las borrascosas noches invernales un par de años atrás era la de irme a la cama con la compañía de una cantante de soul. Su cálida voz acariciaba mis oídos haciendo inevitable mi entrada a la fase REM.
Una pequeña parte de mi gozaba de la acústica de las gotas de lluvia caer sobre el campo, haciendo de este sonido natural, el mejor acompañamiento instrumental posible para la cantante.
Mi diva siempre se salía con la suya. Sus cualidades somníferas eran extraordinarias. Podía sentir como su sensual voz me iba adormilando cada vez más.
Cuando la conciencia empezaba a despedirse de mi, en ocasiones cavilaba, convencido de la presencia corpórea de sus labios susurrándome aquella nana a escasos centímetros de mis pabellones. El cansancio era tal que nunca llegué a hacer el titánico esfuerzo de abrir los párpados para confirmar mi locura. Siempre me quedará esa duda.

Los años pasan irremediablemente. Las despreocupaciones de la infancia se evaporan junto al sabor de esas meriendas de cacao, dejando paso a la responsabilidad, al estrés y a las prisas. En definitiva nos hacemos mayores, y durante este lento e irremediable proceso es realmente gratificante olvidar la realidad y volver a oler la tierra mojada del campo de detrás de casa durante tres minutos y cuarenta y dos segundos.

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Un pensamiento en “Viajar con la música

  1. Si algo tiene de bueno abrir un blog en pleno verano es que éste se nutre en exclusiva de sus becarios y de antiguas reposiciones.Los que más o menos hayan leído algo de mí ya se habran dado cuenta de que este texto no es nuevo. Antes de comenzar a publicar tonterías con periodicidad he me he visto con la necesidad de subir algunos textos que vagan perdidos por cajones, foros y espacios msn.Eso es todo. Soy un vago.

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