Extraños en el bar

Me la jugué. Yo, que apenas llevaba una semana en mi nuevo puesto de trabajo, decidí salir diez minutos antes de las 22.00 horas con tal de encontrar un sitio en el que ver el clásico. Un lugar auténtico, con olor a freidora y a marido cincuentón, en el que admirar, de nuevo, un encuentro que en los últimos meses se había celebrado con tanta frecuencia que, hasta yo, que de fútbol entiendo lo mismo que de almohadas, había empezado a memorizar apellidos y alineaciones. La idea era sobrevivir a un Madrid-Barça. No sólo ver, sino también mirar, todo lo que esos 90 minutos eran capaces de provocar en relación a la raza humana tanto dentro como fuera del televisor, desde la barra de un típico establecimiento de Barcelona.

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Recopilación de fotografías de 2010 y 2011

Recopilación de las fotografías que más me han gustado de las que he tomado en los dos últimos años. En vídeos relacionados podéis ver las de años anteriores:


Zapajoy con cerveza

¿Será la cerveza, que nos hace parecer tan iguales cuando somos tan diferentes, cuando somos tan iguales? Los periódicos han hablado: Zapajoy


¿Desaparecerán los vaqueros?

(Click en la imagen para ver a tamaño completo)

¿Desaparecerán los vaqueros? No me lo pregunto yo. Se lo preguntaba Doña Carmen DE LA SERNA en el suplemento dominical del diario ABC del 25 de septiembre de 1977.
¿Qué he leído? Tres veces lo he hecho y tres veces me lo he preguntado:

A) El reportaje de una periodista capaz de predecir con precisión la llegada del chandalismo en detrimento de la moda vaquera. Que plantea al lector la posibilidad de que la, hoy, prenda más popular de la historia desaparezca debido a un puntual descenso en las ventas de Lévi-Strauss. Un cambio del statu quo por la eclosión del chandal como prenda de uso habitual: “Las señoras, aunque entraditas en años y en michelines, también se atreven a ponérselos cuando van al campo o llega el verano. Aunque hay que reconocer que, en muchos casos, estarían más guapas en faldas”.

 B) La confesión de una señora que nació para vivir en un mundo libre de pantalones vaqueros, y que no está dispuesta a callarse: “Algunas, aunque no por comodidad, sino por una exagerada sumisión a la moda, meten a sus hijos en un par de vaqueros cuando todavía ni siquiera se sostienen en pie. Gracias a Dios son las menos”.

 C) La declaración de guerra de una señora que tiene para todos: ““El vaquero, pensado y adoptado por la mayoría para simplificar las cosas, se convierte en el colmo del rebuscamiento, en la tenue de los progres exquisitos y de los que muchos llaman beautiful people’.

Pero la portada era bonita.


Literatura para literatos

1. Como otros tantos, Harold Bloom es un crítico literario, que, ya sea por crítico, por literario, o porque tiene 81 años, no habla sino que sentencia. Dice que los tres mejores son este, este y este y la discusión ha terminado. Una eminencia que lo ha leído todo todas las veces, amigo de recitar de memoria toda la buena literatura digna de ser considerada como tal. La que vive en su cerebro. Troceada.

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Tapones

Una tonelada, 200 euros. Es el cálculo que tienen bien presente las 15 familias españolas que participan en el programa de recogida de tapones que una asociación de enfermos de ataxia telangiectasia inició en abril. La familia de Sara Fernández, de diez años y de Alcalá de Henares, ha sido la última en apuntarse a la colecta. El objetivo: financiar la investigación que  ninguna farmacéutica se atreve a iniciar debido a su nula rentabilidad.

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Pequeñita, pero nuestra

Jueves: “Rajoy bla bla”
Viernes: Indulto a banquero
Sábado:”Rajoy bla bla”
Domingo:”Rajoy bla bla”

Es la España que tenemos. Pequeñita, pero nuestra.


Ejército Olmos

Alberto Olmos, Ejército enemigo
Madrid, Mondadori 2011
288 páginas | 19 Euros

Alberto Olmos es un escritor que fuma y cervecea en la puerta de un bar del barrio de las Letras, en soledad, media hora antes de atender la moderna tertulia sobre literatura e Internet a la que ha sido invitado. -¿Y habéis pagado 20 euros para verme?- dice. -No, no, tenemos pase de prensa. ¿Nos firmas el libro?- decimos. Y entonces se marcha y te quedas leyendo la bonita dedicatoria, preguntándote angustiado, como todos, cuánto de Mal-herido habrá en Olmos. Yo, que no soy de angustias, propongo un nuevo interrogante: ¿Cuánto de Olmos hay en Santiago, el protagonista de Ejército Enemigo?

Es la primera novela de Olmos que leo. La primera novela con una cubierta tan buena como su contenido, y también la primera que consigue entusiasmarme y defraudarme a la vez. Me explico. Como lector de Hikikomori, esperaba toparme con un muy buen libro, pero como lector de Mal-herido, esperaba El Libro. Y lo que he encontrado es un muy buen libro escrito por alguien con todas las papeletas para, si se lo propone algún día, escribir El Libro. Madame Bovary por Paul Auster. Pero el mismo Olmos no se sonroja al reconocerlo: él quiere ser leído. Muy bien, al menos yo, voy a leerte de todos modos. Además, aunque ahora no queda guay reconocerlo, a mí me gusta mucho Auster.

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Sí, adiós

Estaba siendo un otoño de teléfonos extraviados*. ¿Qué les había hecho yo a esos móviles, que, cada vez con más frecuencia, terminaban abandonandome y sin ni decir adiós? ¿Por qué os váis? Porque os váis, huid malditos.

Llamé para que bloqueasen mi teléfono (¿?). Como estaba empezando a memorizar la cancioncita de espera, me puse a escarbar por Internet. A ver qué encontraba. Y encontré que hay webs en las que el trato hacia el usuario ya es mejor que el ofrecido por algunos de esos señores teleoperantes-hombres-máquina que desde alguna madriguera subterránea desconocida conversan y solucionan problemas a cualquier hora del día.

Pero conversar es una forma de hablar. Al contrario que teléfono, que bloqueó a teléfono, humano no dialogó con humano. Lejos de ser despedido, se me imploró que contratase una línea ADSL y contestase a una evaluación sobre la calidad del trato recibido. Tuve que colgar sin saber si el robot me habría dicho adiós o no. Aquella mañana sólo lo había hecho Flickr. Y mi teléfono.

 

* Resumen para vagos: “Sí, adiós”, así quiero que me hable Internet. Con los teleoperadores me conformo con que me hablen.


¿Mercados de barrio?

 
San Antón. Caviar, ostras, mil vinos y mil cafés junto a pastelitos del tamaño de un bocado para acompañar a otro millar de variedades de tés. Más fácil ver las cámaras que los carritos. Había hasta exposición de Instagram. Grupo de adultos. Señora: “Acabo de descubrir el placer de consumir”. Prometo que lo escuché.
 

“Hay una diferencia entre lo antiguo y lo viejo: lo antiguo es bonito, lo viejo no. Lo viejo es feo”. Es la opinión de Ricardo, gerente del céntrico mercado de los Mostenses. Con la inminente reconversión en centro comercial del de la Cebada, el de los Mostenses es el último mercado que queda en el centro de Madrid con una estética y unos precios en consonancia con la etiqueta de “mercado de barrio”. El último en el que aún pueden verse a señoras de carrito y lechuga. El último, en definitiva, porque hasta a él parece haberle llegado su hora.

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